Los ciberdelincuentes se encuentran en una encrucijada en su estrategia: ¿blanquean las ganancias ilícitas invirtiendo en negocios legítimos o también en actividades ilegales? Un informe de Sophos ha desvelado que los cibermalos están adoptando prácticas que favorezcan su integración en la economía para ocultar sus actividades y aumentar su capital.
Cómo lavar las ganancias
Los ciberdelitos con objetivos financieros generan un desafío para los cibercriminales. La rentabilidad del ransomware, por ejemplo, implica cierta dificultad para darle salida a ese beneficio. Cuando se desmanteló la infraestructura del ransomware LockBit, la organización disponía de bitcoins sin gastar por valor superior a 110 millones de dólares, mientras ALPHV/BlackCat recibió 22 millones de dólares en un solo pago de rescate.
Las conversaciones analizadas abarcan operaciones desde Asia hasta Europa Occidental, y se mencionan enclaves como Reino Unido, Suiza, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, China, Corea del Sur y Gibraltar.
Entre las opciones de inversión preferidas por los ciberdelincuentes se hallan startups de ciberseguridad y TI, proyectos inmobiliarios y activos refugio (oro y diamantes), así como negocios de hostelería (restaurantes y bares). También se habló sobre ONGs y empresas de alcohol y tabaco, posiblemente debido a su flujo de caja.
Inversión también en actividades criminales
Además de estos novedosos y “aparentemente limpios” negocios, la investigación de Sophos muestra conversaciones de inversión en asuntos sospechosos y en actividades abiertamente criminales, que combinan lo digital con lo físico, lo legal con lo criminal y lo visible con lo invisible.
Parte de este lado oscuro lo forman plataformas pornográficas y juegos de azar online, donde resulta difícil rastrear el origen del capital. Otras actividades incluidas en las conversaciones son servicios ilegales de generación de documentos, esquemas piramidales, evasión fiscal y venta de productos farmacéuticos.
La alianza entre cibercrimen y la economía real plantea desafíos para Gobiernos, autoridades reguladoras, agencias tributarias, bancos y empresas privadas. El dinero de origen delictivo fomenta la ciberdelincuencia, pero también contribuye a distorsionar los mercados, la competencia desleal con empresas legítimas o la financiación de nuevos ataques desde estructuras aparentemente legítimas.

